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Un gobierno que a partir de ahora aguanta con respirador artificial

LA NACION
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Alberto Armendáriz
Viernes 19 de mayo de 2017
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BRASILIA.- Firme y desafiante, Michel Temer se negó ayer a renunciar ante la gravedad de las acusaciones que enfrenta por intento de obstrucción de las investigaciones anticorrupción de la operación Lava Jato; reiteró su inocencia y buscó dar un aire de normalidad al día más tormentoso de su mandato. Pero en el fondo, su gobierno aguanta con respirador artificial.

Desde antes de que estallara el escándalo, la popularidad de Temer era bajísima, de apenas un 9%, y con una tasa de rechazo del 61%, según las más recientes encuestas.

El apoyo que tenía hasta ayer en las calles era incluso menor al que mantenía Dilma Rousseff (13%) la víspera de su destitución tras el impeachment. Si las mediciones fueran realizadas hoy, luego de las denuncias derivadas de la delación premiada del frigorífico JBS, los datos espantarían.

Un solo día bastó para que en las manifestaciones a favor de la renuncia del presidente se unieran grupos de izquierda -que lo tildan de "golpista" por el juicio político a Rousseff- como de derecha -que abogan por una tolerancia cero a la corrupción-. Al grito de "¡Fuera, Temer!", anoche marcharon juntos en las principales ciudades y prometen mantener la presión en los próximos días. Lo mismo hará la prensa.

"Hasta ahora, Temer tenía el apoyo de los grandes medios de comunicación, pero eso ya lo perdió", resaltó a LA NACION Paulo Calmon, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Brasilia.

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En su discurso de ayer, el presidente resaltó su rol como garante de la recuperación económica que Brasil viene sintiendo poco a poco en los últimos meses, después de atravesar la peor recesión de su historia. Su mensaje podría resumirse en que sin él, el país caerá por el precipicio.

Sin embargo, los tímidos logros económicos se derritieron cuando los analistas del mercado tomaron conciencia de que aun cuando Temer permanezca como mandatario, su gobierno no tendría ya la fortaleza para implementar las osadas reformas estructurales que ha impulsado: el congelamiento del gasto público por 20 años y la flexibilización laboral, y el más arduo de todos los cambios, la reforma del sistema de jubilaciones. Indicadores de la falta de confianza de los mercados en este "fiador" fueron el desplome de la Bolsa de San Pablo (-8,8%) y el alza del dólar frente al real (+8,15%), que no mejoraron sus negativos desempeños del día incluso después del discurso de Temer.

Por otro lado, dentro de la coalición de gobierno encabezada por el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), el escenario no es muy alentador. La base parlamentaria que le sirvió de plataforma para la aprobación de las reformas quedó absolutamente fragmentada y varios legisladores de partidos aliados pidieron su dimisión.

En el gabinete ya renunciaron dos ministros -el de Ciudades, Bruno Araújo, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), y el de Cultura, del Partido Popular Socialista (PPS)-, y otros tantos evalúan su salida.

Como si fuera poco, anoche, la cúpula del PSDB, principal aliado del PMDB, amenazó con recomendar a todos sus miembros en el gabinete abandonar el barco; los cargos más importantes que ostentan son la Secretaría de Gobierno y la cancillería. La sangría promete continuar en las próximas horas y días; las turbulencias constantes volverían la gobernabilidad insustentable.

Así, sin apoyo en las calles, con protestas crecientes, sin el respaldo de una estabilidad económica, cuestionado por buscar impedir el avance de las investigaciones anticorrupción y ante el abandono de sus aliados, Temer quedará cada vez más aislado en su sobrevida. En estas circunstancias adversas, el final de su gobierno es una cuestión de tiempo.

"Puede aguantar un tiempo más, pero se convertirá en una suerte de presidente zombi, que está ahí, pero no logra gobernar, con el riesgo que eso significa para la situación general del país. La probabilidad de una reversión del escenario es muy baja", apuntó el profesor Calmon.

Si Temer no cambia de opinión sobre su permanencia en el poder en las próximas horas, la agonía de su administración podría llegar a su fin el 6 de junio, cuando el Tribunal Superior Electoral (TSE) retome el juicio por financiamiento ilegal de la fórmula Rousseff-Temer en las elecciones de 2014.

Hasta ahora se pensaba que la corte electoral se inclinaría a preservar a Temer de una condena casi segura a Dilma Rousseff para mantener la gobernabilidad. Ahora, esa posición ya carece de sentido; es más, el TSE podría asegurar una salida lo más próxima y rápida posible a la encrucijada que vive hoy el país, y evitarle así un proceso de impeachment.

Mientras tanto, cuanto más se demoren los brasileños en hallar una solución a la aguda crisis política que hoy los aflige, más se alejará la tan deseada recuperación de su economía; este es un problema no sólo para Brasil, sino para toda la región que en gran medida depende del impulso de la mayor economía de América latina.

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