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Cómo ve a la industria de los libros en la Argentina el director del mayor grupo editorial del país

Javier López Llovet, director general de Penguin Random House, sostiene que las ventas del sector cayeron un 15% en el primer cuatrimestre de 2017; el impacto de la Feria del Libro

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PARA LA NACION
Viernes 19 de mayo de 2017 • 10:34
Javier López Llovet es el director general de Penguin Random House para Argentina y América latina.
Javier López Llovet es el director general de Penguin Random House para Argentina y América latina.. Foto: Penguin Random House
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Son las 13.05 de un jueves soleado. Javier López Llovet (50), director general de Penguin Random House, el mayor grupo editor del país y el más grande del mundo, interrumpe una reunión laboral para recibir a La Nación en su luminosa, moderna y minimalista oficina de San Telmo. Éste empresario, consumidor de buena literatura y de libros de investigación, conoce como pocos la industria editorial argentina. Esa razón le da autoridad para revelar que la actividad del sector comenzó el año con el pie izquierdo. Las últimas estadísticas evidenciaron que las ventas de libros se desplomaron un 15% en el primer cuatrimestre del año comparado con el mismo período de 2016.

“El escenario no es tan grave si se lo compara con el de otras industrias. Las ventas en éste segmento suelen caer más lento durante un período de recesión, así como también se recuperan de a poco cuando hay reactivación”, explica el empresario editorial que empezó su carrera en Sudamericana, lo que entonces era la empresa de su familia, en 1983, con apenas 17 años.

Foto: Archivo

Para el director general de la editorial que despacha cuatro de los 44 millones de libros que se venden por año en la Argentina, la clave del éxito en el negocio local está en editar buenos libros, que despierten el interés de los lectores, y en la comunicación previa de cada lanzamiento. Esa debería ser la estrategia para incrementar el volumen de ventas.

“El público tiene que estar al tanto y conocer los títulos que se lanzan al mercado. La oferta de productos culturales es muy grande y nosotros muchas veces competimos por el tiempo libre de la gente. El consumidor de consumos culturales reparte su tiempo entre el cine, el teatro, el arte, la música, los programas de TV e incluso las series en Netflix”, enumera el licenciado en Ciencias Políticas en la UCA y con un MBA del IAE.

-¿Son eficientes las medidas para incentivar las ventas, como la bonificación del 30% del Banco Provincia o las cuotas sin interés?

-Todo lo que se se haga para animar a los lectores a comprar más libros es bienvenido. Las tres cuotas sin interés que auspicia el Gobierno durante el mes de la Feria del Libro es una buena propuesta. El consumidor esta muy acostumbrado a las cuotas. Está claro que esas medidas no van a revertir la actual tendencia comercial, pero ayudan.

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López Llovet dice que es muy común que la gente no se entere de la llegada de un libro nuevo hasta que no visita una librería; pero asegura que la cantidad de locales que hay en el país (alrededor de 2.200 puntos de venta) son una pieza fundamental en la promoción de la lectura. En este negocio muchas veces la oferta crea la demanda. Cuando se abre una librería en un lugar donde no existía una es sorprendente la cantidad de gente que compra libros que antes no lo hacia. Una foto de esa realidad la reveló la estadística que hizo World Cities Culture Forum el año pasado reveló que Buenos Aires es la ciudad del mundo con más librerías (467): 25 cada 100.000 habitantes.

-¿Qué están haciendo en la editorial para reactivar las ventas?

La clave está en la comunicación de los productos. Y estamos trabajando cada vez más en hacerla eficiente. No hay un centro comercial en el país que no tenga una librería. Justamente porque el público en general suele visitarlas aunque sólo sea de paso. Y esa es nuestra vidriera.

López Llovet es el nieto de Antonio López Llausàs, un catalán experto en el mundo editorial que se exilió de España durante el franquismo y llegó al país desde Barcelona para crear Sudamericana, la editorial familiar que tuvo entre sus primeros accionistas a los célebres escritores Victoria Ocampo, Carlos Mayer, Oliverio Girondo, Alfredo González Garaño y Rafael Vehils.

Rodeado de libros de más de una veintena de sellos del grupo, como Aguilar, Alfaguara, Anagrama, Sudamericana y Grijalbo, entre otras marcas, López Llovet explica que la percepción es la cualidad que hace la diferencia en una industria como ésta. “Los editores tienen que ser buenos e intuitivos, tienen como desafío conocer qué querrá leer el público con un año de anticipación, es el tiempo mínimo que tarda un libro en gestarse y publicarse”, explica.

En este momento el público busca, sobre todo, títulos de ficción y de hábitos saludables, y los más jóvenes se inclinan por las sagas internacionales, como ocurrió con Harry Potter años atrás. “Estamos atravesando un período de replanteo en títulos de investigación periodística, después de un año de eclipse para los libros políticos, con gobierno nuevo, la investigación y la política son géneros que de a poco están volviendo a despegar” cuenta el editor.

Los datos del Observatorio de la Industria Editorial grafican el mercado local. El sector facturó $8.100 millones en 2016, sin contabilizar las ventas que las editoriales cerraron con el Gobierno mediante licitaciones públicas. Éste año los números serán otros, en parte, porque la mayoría de los contratos oficiales que habilitaban compras de títulos de literatura clásica destinados a escuelas públicas quedaron sin efecto con la nueva administración.

Libros digitales

El empresario ve con buenos ojos el negocio de libros de lectura digital, publicaciones que se descargan en e-readers o tabletas. Pero está convencido de que aún son competencia para los ejemplares en papel. “Hoy es un tema de comodidad, precio y practicidad. Es un formato complementario. Así y todo en los países de la región venimos retrasados. En Estados Unidos se venden 2,5 libros digitales cada diez impresos. Y en Inglaterra el 50% del mercado se comercializa por Internet lo que incluye libros físicos y digitales. Aquí, ese nicho representa apenas el 3% del mercado. Además, la venta de libros fisicos online casi no existe porque el costo de la distribución encarece mucho el producto”, explica el director de la sede local del grupo que tiene oficinas centrales en Barcelona.

La historia de un gigante

Penguin Random House es editora de cinco de los diez títulos que están en el ranking anual de los más vendidos en la Argentina. Emplea a 180 personas y tiene 25 sellos. Cada marca mantiene la identidad para la que fue creada. López Llovet explica que, por ejemplo, Alfaguara sigue siendo referente de libros de narrativa y Sudamericana, de los ensayos periodísticos.

Foto: Archivo / Fabián Marelli / LA NACION

El director general de Penguin Random House es el menor de seis hermanos y el único que trabaja en el grupo que, tras varios pases de manos, absorbió Sudamericana. Su padre, quien también fue parte de la empresa, murió cuando él tenía apenas dos años. La empresa familiar que fue fundada por su abuelo catalán se vendió en 1998 a la alemana Bertelsmann, época en que él era Director comercial y su hermana Gloria, Directora editorial. Trabajaron un tiempo como empleados hasta que su hermana decidió jubilarse e iniciar otros proyectos también editoriales. Luego llegó 2001 y la industria se hundió como tantas otras. “Fue una catástrofe, pero fue cuando me hice cargo de la dirección general. Lo vi como una oportunidad”, cuenta.

La compañía pasó por varias adquisiciones. En 2012, los alemanes compraron el 100% de Random House Mondadori y al año siguiente se quedaron con Penguin. Por eso hoy el holding se llama Penguin Random House, editor responsable de la obra completa de Gabriel García Márquez y de títulos muy demandados como los de los escritores estadounidenses Stephen King y George RR Martin.

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