Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

La batalla diaria de ser un alumno trans en el secundario

Ir al baño o participar de la clase de educación física puede ser un problema si la institución no está capacitada; qué dice la ley y qué debe hacer escuela

SEGUIR
PARA LA NACION
Jueves 07 de diciembre de 2017 • 00:44
Leandra, la primera egresada trans del Pellegrini
Leandra, la primera egresada trans del Pellegrini.

El diploma que lleva el nombre de Leandra Atenea Levine Hidalgo se convertirá, con el paso del tiempo, en un hito para la historia de la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini. Es que Leandra se convirtió en la primera egresada trans en los casi 120 años de historia de la escuela. “Estoy tramitando mi DNI, pero aún no me lo entregaron así que pedí a las autoridades si podían entregarme el diploma con el nombre que elegí a partir de mi cambio de identidad de género” , cuenta Leandra a LA NACION. Y agrega: “si me lo daban con mi otro nombre no iba a sentirme así de feliz”.

“Hace unos días, Leandra nos pidió el cambio con el trámite iniciado, pero no terminado. Tuvimos que rehacer el diploma convencidos de que actuamos de acuerdo a la ley y en base a lo que creemos en la escuela”, dice Leandro Rodríguez, rector del Pellegrini. “La comunidad educativa aprobó y acompañó a Leandra desde un principio”, sostiene.

Hay muchos casos como el de Leandra. El año pasado, Ignacio decidió cambiar de género y comenzar a llamarse Bárbara. Tiene 16 años y va a una escuela secundaria en Berisso. Su sexualidad ya estaba definida desde hace años y tuvo el apoyo de su familia, lo que hizo más fácil todo. Sin embargo, en la escuela tuvo que hacer varios reclamos para, por ejemplo, cambiar su nombre en los registros administrativos. “No fue fácil. Al principio solía pasar todo el día sin ir al baño. Se sentía incómoda, avergonzada. Pero lo superó, en parte gracias al invalorable acompañamiento de sus compañeros. Eso ayudó mucho”, señala Marcela, su mamá.

“Le pedí al profesor que me dejara solo con ella. Primero le pedí disculpas por no haber previsto su situación y luego, cuando le dije que comenzaría a hacer gimnasia con las chicas, me abrazó y agradeció. Aún me emociona relatar ese momento”, recuerda Susana Lamela, quien fue vicedirectora de la escuela media “Marina Vilte” de Moreno, cuando Francisco, que venía de otra escuela en medio de su trámite para cambiar de género, comenzaba a llamarse Alma y había padecido la incomprensión de un profesor de educación física que la retó por usar aros y cadenas en su clase.

cerrar

Este año, en la Escuela Técnica N° 1 de El Talar, la rectora decidió que uno de los baños de mujeres de la escuela iba a convertirse en unisex para que las chicas y chicos trans pudieran elegir a cuál ir, pero meses después, presionado por un grupo de padres, el inspector ordenó dar marcha atrás y decidió que el baño sea sólo para mujeres.

En la Argentina los derechos de Leandra, Bárbara y Alma están reconocidos por Ley de Identidad de Género, sancionada en 2012. Desde ese momento, 5703 personas cambiaron su identidad y accedieron a nuevos nombres y DNI. Aún no hay registros oficiales sobre cuantos de ellos son adolescentes. Pero es un tema que aparece cada vez con más frecuencia, lo que obliga a la escuela a adaptarse o a estar preparada para afrontar esta nueva realidad.

“Mientras no se trabaje para construir escuelas libres de sexismo y de discriminación, mientras no se hagan los esfuerzos necesarios para romper con el binarismo y los estereotipos vigentes en nuestra cultura, mientras sigamos estigmatizando lo diverso e invisibilizando las siglas LGBT en los contenidos curriculares y en los materiales de la Educación Sexual Integral, que son entregados por el Ministerio de Educación de la Nación desde hace años pero casi no llegan a las aulas, mientras no se dirijan algunas miradas respetuosas hacia la existencia de nuevas familias, géneros e identidades, seguiremos teniendo entonces niños y adolescentes maltratadas, que no tienen lugar dentro de la comunidad educativa y que hoy son excluidos”, reflexiona María Alejandra Aranda, secretaría de Educación de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT), en diálogo con LA NACION.

Sin ir al baño durante toda la jornada

La mirada cruda de Aranda se ve reflejada en una encuesta sobre El Clima Escolar en Argentina dirigida a jóvenes LGBT, realizada este año por la ONG “100% Diversidad y Derechos”. La muestra final estuvo compuesta por un total de 781 estudiantes entre 13 y 18 años de las 23 provincias y de CABA. Alrededor de la mitad de los participantes se identificaron como femeninos (51,7 %) y más de la mitad se identificó como gay o lesbiana (58,3%). Participaron estudiantes que cursaban del 1° al 7° año de la enseñanza secundaria, en su mayoría a 5º y 6º año.

"Mientras no se dirijan algunas miradas respetuosas hacia la existencia de nuevas familias, géneros e identidades, seguiremos teniendo entonces niños y adolescentes maltratadas"
María Aranda, secretaria de Educación de la FALGBT

Compartilo

Dentro de los principales resultados que arrojó este relevamiento se ve que “un 67,9% de los alumnos encuestados se sienten inseguros en la escuela el último año debido a su orientación sexual”. Además, “el 54,1% se sintió inseguro en la forma de expresar su género”.

Las principales consecuencias de esta inseguridad se ven reflejadas en que los estudiantes LGBT generalmente evitaban las clases de gimnasia o educación física y los baños de la escuela. Concretamente: “un 43 8% evita las clases de gimnasia; un 36,3% evita los baños de la escuela y un 27,3% evita los espacios de recreación”.

Además, los efectos de sentirse inseguros se reflejan en la escolarización de los alumnos al relevar que “un 14,3% tuvieron que cambiar de escuela el último año; un 3,8% tuvo que cambiar de escuela más de una vez y un 36,3% faltó a clase al menos una vez el último mes y un 15,6% lo hizo en más de cuatros días en ese período”.

Cómo debe actuar la escuela

Solo en el último año se conocieron casos de agresión y discriminación en escuelas de Tigre, Berazategui, Tucumán y Mendoza, entre otros, que tomaron estado público. Para muchos especialistas, los hechos de discriminación suelen estar mal manejados por los docentes o mal interpretados por los padres. En ese contexto los alumnos suelen ser el eslabón que mejor se adapta a esta nueva situación.

Las consultas más frecuentes son en relación a los registros administrativos, en los que siempre se debe utilizar el nombre autopercibido del alumno.

Otras de las consultas son respecto al uso de los bañosy el espacio curricular de Educación Física. No lo dice ningún reglamento, pero en ambos casos, la escuela debe aplicar el mismo criterio: el alumno irá al baño que elija según su identidad de género y realizará educación física junto al género con el que se identifica.

Esto debería darse en la práctica, pero en muchos casos y sobre todo en las escuelas del interior del país, los docentes no están preparados para manejarse en circunstancias novedosas o ceden ante reclamos de padres que no aceptan que adolescentes transgénero elijan el baño.

“En algunas oportunidades recibimos consultas de las autoridades de las escuelas en relación al ingreso de algún alumno que cambió su identidad de género. Si bien las autoridades tienen la ley en la mano, dudan sobre cómo aplicarla y elevan inquietudes que son comprensibles si las contextualizamos como situaciones nuevas para las escuelas”, explica Geraldine Kahan, directora general de Educación de gestión estatal en el ministerio de Educación porteño. Y agrega: “La ley 26743, de Identidad de Género, es clara, precisa y es el encuadre normativo que utilizamos en las escuelas”, asegura la funcionaria.

Cada trámite de cambio de identidad de género iniciado por un menor de 18 años “deberá ser efectuado por sus representantes legales y con expresa conformidad del menor”.

“Cada vez notamos mayor apertura y aceptación a la diversidad por parte de docentes y, sobre todo, los que más nos enseñan día a día son los alumnos, que siempre están un paso adelante que los adultos, con una mirada inclusiva y desprejuiciada”, afirma convencida Kahan.

El Fader, un modelo de integración

La Escuela Técnica N°6 Fernando Fader, del barrio de Flores, es un establecimiento escolar reconocido por la comunidad LGBT porque se destaca por llevar adelante una política muy avanzada en la integración. “En esta escuela todo se naturaliza rápidamente. Los únicos problemas que tenemos al respecto son cuando un alumno decide cambiar su identidad y la familia no lo acompaña”, dice a LA NACION Patricia Bamonte, rectora del Fader. Además, agrega que “cuando eso ocurre trabajamos junto al Departamento de Orientación Escolar (DOE) y convocamos a otros áreas del gobierno, como el Programa de Diversidad Sexual de Derechos Humanos y la Defensoría del Niño”.

“El tema de los baños no es un problema. El alumno elige el baño de acuerdo a su elección sexual. En el Fader ayuda mucho la infraestructura porque no solo hay mingitorios, sino baños privados”, relata, y acota convencida: “Hay leyes que hay que cumplir, la inclusión es una política de estado. No se plebiscita con la comunidad educativa aceptar estas condiciones”.

Política de Estado

Kahan considera: “En la escuela pública lo que buscamos es que todas las personas puedan hacer ejercicio de su derecho a la educación, sin restricción de género ni de ningún tipo. El 17 de mayo se conmemora por agenda educativa el día contra la discriminación por orientación sexual e identidad de género y se realizan diversas propuestas alusivas. Por ejemplo, este año en algunas escuelas izaron la bandera LGBT con el objetivo de poner de manifiesto el apoyo a la diversidad y a la libre elección de cada alumno”.

La Argentina tiene una normativa de avanzada y, para muchos, las leyes fueron un paso adelante de la sociedad. Lo que no se puede soslayar es que hoy el debate está planteado en cómo solucionar de la manera menos traumática los problemas que conlleva esta integración. Algo muy positivo, si se recuerda que hasta hace algunas décadas los alumnos trans o gays solían abandonar la escuela, o directamente optaban por no escolarizarse.

“Tenemos por delante muchísimo trabajo para cambiar esta cultura binaria, expulsiva y desigual. Para ello, es imprescindible que se denuncien las situaciones de discriminación y vulneración de derechos. Que se nos nombre, porque la indiferencia perpetúa la discriminación y la discriminación siempre implica violencia. Y que sigamos esforzándonos para educar sobre lo mal educado, porque a discriminar se aprende. Y a no discriminar también”, culmina Aranda, de la FALGBT.

Te puede interesar