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Un puente creativo entre el Río de la Plata y Estados Unidos, en Villa Crespo

La galería Nora Fisch acaba de participar en la feria Untitled, en Miami, y exhibe en Buenos Aires obras de Ana Tiscornia, artista uruguaya residente en Nueva York, junto con otras del marplatense Amadeo Azar

Vista de sala de la galería Nora Fisch, con obra de Ana Tiscornia en Villa Crespo
Vista de sala de la galería Nora Fisch, con obra de Ana Tiscornia en Villa Crespo. Foto: Gentileza Nora Fisch
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LA NACION
Jueves 21 de diciembre de 2017 • 15:00
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En la obra de Ana Tiscornia (Montevideo, 1951), artista residente en Nueva York desde 1991 junto con su pareja, Liliana Porter, la arquitectura aparece en sus trabajos de manera residual. Por medio de collages de planos superpuestos hechos con maderas y cartones, esquemas tridimensionales en los que el método ha enloquecido y perímetros precisos de lugares indefinidos, el conjunto reunido en Colateral o premeditado funciona como una instalación.

“Hay mucho de los desplazamientos contemporáneos, que fueron una fuente de reflexión para mi trabajo”, dice Tiscornia en referencia a las obras. Muchas se asemejan a vestigios e incluso algunas fueron creadas con materiales que la artista encontró en sus propias derivas por calles, ciudades y países. Mosaicos, restos de vajilla y de muebles, molduras y retazos de alfombras demarcan zonas de conflicto en ambientes domésticos. Con el uso de cintas, se alude a las “líneas verdes” que establecen territorios de armisticio en los continuos tiempos de guerra en Medio Oriente. Los patrimonios culturales se activan en el imaginario de la artista.

Ya sea mediante un efecto colateral indeseado o un estratégico uso premeditado, Tiscornia recrea en el espacio de la galería una geopolítica de la arquitectura devastada por conflictos bélicos e íntimos, ordenamientos urbanos y sutiles apocalipsis de la vida cotidiana. Derrumbes, exilios y una lenta tarea de recolección y procesamiento de escombros se alternan en una muestra que opera en varios niveles: poesía, síntesis y códigos contemporáneos son puestos a prueba en la tarea de demolición que encarna la mirada de la artista montevideana.

Obra de Ana Tiscornia
Obra de Ana Tiscornia. Foto: Gentileza Nora Fisch

Seis años después

Después de seis años de estar alejado de la pintura, Amadeo Azar (Mar del Plata, 1972) se puso al día. “Hay de todo”, dice sobre las obras de Más tarde, más extraño, que se exhiben en el entrepiso de la galería. El cosmos retratado por Azar es el de su estudio. Esa flexión sobre el trabajo del artista devuelve intereses conocidos: el modernismo, las vanguardias concretas y el constructivismo inspiraron otras series de Azar.

Ahora, las pinturas expuestas, colgadas sin bastidor en una especie de frase visual acumulativa e hipnótica, liberan la mirada de Azar sobre libros, fotografías y maquetas, tapas de discos y obras ajenas. Son, en su mayoría, imágenes de imágenes que, traducidas al lenguaje de una pintura extrañamente hiperreal, cobran entidad y cuerpo.

Hasta el final de la exposición, que durará todo el verano, Azar irá alterando el montaje de la muestra. En el retorno a ese lenguaje, que resultó ser apasionado y más fructífero de lo que imaginaba, pintó cerca de cuarenta obras. “Me gustaría que se vieran todas”, dice a LA NACION.

El retrato hecho a partir de una fotografía de Ian Curtis, el cantante de Joy Division, funciona como una divisa del espíritu adolescente que Azar atribuye al arte. Un proceso en formación se detiene y registra lo que existe alrededor: mesas y sillas, formas imaginadas por otros artistas, objetos de consumo cultural, folletos como el de la primera muestra que él vio, en la galería Ruth Benzacar, cuando apenas había dejado de ser un adolescente y decidió convertirse en artista.

Obras de Amadeo Azar y de Ana Tiscornia, en diálogo
Obras de Amadeo Azar y de Ana Tiscornia, en diálogo. Foto: Gentileza Nora Fisch

De regreso de Miami

Días atrás, la galerista Nora Fisch participó de Untitled, una de las ferias que se desarrollan en la ciudad de Miami en simultáneo a Art Basel Miami. Desde allí llegó la noticia de que Jorge Pérez, el desarrollador de Related Group, había comprado una gran pintura de Juan Becú. Esa obra, seguramente, irá a uno de los espacios públicos de los edificios del millonario argentino, principal mecenas del museo que lleva su nombre.

Silvia Gurfein es la otra artista cuyas obras viajaron hasta Untitled y que sedujeron a compradores privados. “Es una de las ferias paralelas a Art Basel, y una de las dos más prestigiosas y mejor curadas –señala Fisch-. El espacio físico es muy atractivo, una gran carpa blanca que construyen temporariamente sobre la playa. La luz es increíble; la carpa actúa como difusor de la luz del sol y desde las puertas laterales se ve el mar.” Este año Untitled creció un 30% respecto de la edición anterior. Por primera vez hubo galerías de Japón, Irán e Islandia, además de las de Estados Unidos y América Latina.

Fisch cuenta que el curador del Baker Museum pidió un dosier de Becú y que el curador de la colección Audemars Piguet se entusiasmó con la obra de Gurfein. En Buenos Aires, durante Art Basel Cities, ya había visitado el taller de la artista. “Más allá de las ventas, que tuvieron un ritmo más lento que en años anteriores, estos hechos sirven mucho para la difusión de los artistas argentinos”, concluye Fisch.

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