Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

"Amor a décima mirada"; la historia de dos espíritus competitivos y una batalla inolvidable

Él estaba saliendo con otra chica y ella se cruzó en su camino para cambiarle el mundo; desde ese día, emprendieron una sana competencia que los conduciría al desafío más inolvidable de sus vidas

PARA LA NACION
SEGUIR
Señorita Heart
Viernes 22 de diciembre de 2017 • 00:56
0

Cuando se conocieron tenían 18 años y vibraban juventud. Expectantes, ambos se asomaban hacia un nuevo mundo; uno muy diferente a ese cascarón de Bella Vista, a esa burbuja preciosa de los colegios y la mística del grupo juvenil.

A Julio, la vida le sonreía. Había comenzado el CBC para estudiar abogacía en Ciudad Universitaria y, un tiempo antes, había conocido en el Bolsón a una odontóloga rosarina muy linda. Ella había venido a la capital para hacer un posgrado y, enseguida, comenzaron a salir. Ante su conquista, Julio, que no podía creer su suerte, se daba aires de superior ante sus amigos. Por más que lo intentara, no podía disimular su ego inflado.

Sí, todo parecía ideal en su universo, hasta que un día, en el cumpleaños de una amiga apodada Iky, apareció ella, Tatiana, tan deslumbrante, que se le hizo imposible encontrar palabras para describir sus cualidades y atributos. A Julio, le pareció la mujer más increíble que había visto jamás y no pudo sacarle los ojos de encima en toda la noche. Pero lo disimuló o, al menos, creyó hacerlo; su naturaleza de estratega no le permitía ser tan obvio. "Esta situación la describí más adelante en un poema que titulé Amor a décima mirada. Porque no fue sólo amor a "primera vista", ella me enamoraba una y otra vez cada vez que que me miraba", recuerda.

Te desafío

Esa noche marcó el inicio de una sana competencia entre ambos. Tatiana, tan encantadora, fue rápidamente aceptada en el grupo de amigos, que se juntaba casi todos los días en lo de Tomás a escuchar música, jugar al truco, al chancho, jodete o simplemente arreglar el mundo con sus teorías. Los fines de semana, en cambio, eran de asalto o TEG por largas horas.

Un buen día, Tatiana contó que había comenzado a estudiar teatro y Julio, que no quería ser menos en nada, lo interpretó como un reto. "¿Ah sí?", le dijo y, sin dudarlo, la desafió: "A ver quién de los dos recita mejor un poema". Por supuesto que ella, tan competitiva como él, aceptó. Los amigos, encantadísimos, decidieron ser jurado. Entonces él, sin mediar introducción se despachó, impactante, con el poema de Girondo, Espantapájaros:

No se me importa un pito que las mujeres

tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;

un cutis de durazno o de papel de lija.

Le doy una importancia igual a cero,

al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco

o con un aliento insecticida.

Soy perfectamente capaz de soportarles

una nariz que sacaría el primer premio

en una exposición de zanahorias;¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible-

no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar.

(....)

Atónitos y exaltados, todos aplaudieron fervorosamente y posaron todas las miradas en Tatiana. Con tono amenazante, con espada de esgrima a punto de dar la estocada final, Julio le dijo: "¡Ahora te toca a vos!" Y ella, con valentía, pidió una tregua de tres días para preparar un poema escrito por Tomás.

El desempate

Lo recitó un sábado a la noche en la casa de Rodrigo - cuyos padres se habían ido de viaje – justo después de comer un asado en la estufa hogar que se ubicaba en el centro de la casa. Era una noche de invierno del 25 de junio de 1995.

"Te toca."

Con andar orgulloso, Tatiana pasó al frente y se lució con el poema de su amigo. El mismo, decía que no quería ser tratada como una muñeca de trapo, de esas que usás y desechás a gusto. Tomás, le había marcado la cancha.

La ovación fue mayor; la alegría y algarabía era abrumadora. "Ahora te toca a vos desempatar Julito…" , le sentenciaron.

"Está bien, pero ésta vez el poema se lo digo a ella a solas", pensó, decidido.

En esa increíble noche estrellada, Julio la tomó de la mano y la escoltó junto a la pileta. Allí, al mirarla profundamente a los ojos, todos los recreos de segundo año en la capilla del San Alfonso, dieron fruto. Es que en ellos, y durante meses, había practicado el poema:

SI TÚ ME OLVIDAS

QUIERO que sepas

una cosa.

Tú sabes cómo es esto:

si miro

la luna de cristal, la rama roja

del lento otoño en mi ventana,

si toco

junto al fuego

la impalpable ceniza

o el arrugado cuerpo de la leña,

todo me lleva a ti,

como si todo lo que existe,

aromas, luz, metales,

fueran pequeños barcos que navegan

hacia las islas tuyas que me aguardan.

(...)

Si cada día sube

una flor a tus labios a buscarme,

ay amor mío, ay mía,

en mí todo ese fuego se repite,

en mí nada se apaga ni se olvida,

mi amor se nutre de tu amor, amada,

y mientras vivas estará en tus brazos

sin salir de los míos." (Fragmento de Si tu me olvidas de Pablo Neruda)

"Y cuando dije… estará en tus brazos, la tomé de las manos y nos besamos apasionadamente", cuenta Julio, emocionado.

Tatiana y Julio fueron novios durante 12 años y hace apenas unos días cumplieron 10 años de casados. Tienen tres maravillosos hijos Julio Federico, Juan Ignacio y Lucas Francisco. Siguen amándose y compitiendo como el primer día.

cerrar

Si querés que la Señorita Heart cuente tu historia de amor en sus columnas, escribile a corazones@lanacion.com.ar

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Las más leídas