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Novalis habló de la Argentina

LA NACION
Domingo 31 de diciembre de 2017
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Los fragmentos que el romántico Novalis reunió con la pretensión imposible de hacer una enciclopedia colosal demandan una lectura incesante. No porque haya que leerlos continuamente sino porque es de esas cosas (ni siquiera les cuadra el nombre de “libro”) que exigen una lectura episódica, con saltos de tiempo entre ellas, mientras nos dure la vida. El propio poeta alemán quería que esos fragmentos fueran “modelo y germen real e ideal de todos los libros”. Lo logró. Cada fragmento se recrea en cada lectura a la manera de un calidoscopio.

Entre todos ellos, hay uno, de entonación política, que resulta especialmente ambiguo. Vale la pena citarlo completo: “Llegará el tiempo, y no falta mucho, en el que todos se convencerán de que no puede existir rey sin república ni república sin rey, que ambos son tan inseparables como el cuerpo y el alma, y que un rey sin república y una república sin rey no son más que palabras sin sentido. Entonces sucederá que con toda auténtica república nacerá también un rey, y con todo auténtico rey, una república. El auténtico rey se convierte en república, la auténtica república, en rey”. Después de escuchar la frase, un enorme ensayista argentino comentó: “Parece que hablara de la Argentina”. Se entiende la conclusión: reconoció esa combinación entre el Estado de Derecho y una tendencia al autoritarismo muy propia de estas costas. Era una broma oportuna.

Sin embargo, la observación de Novalis encierra otros pliegues. Era muy común para él pensar sobre la base de opuestos, como un verdadero maestro de la dialéctica. Novalis hizo la observación hacia 1800, apenas una década después de la Revolución Francesa, de modo que el tema entonces quemaba, literalmente. No podría decirse que el poeta buscara un punto medio entre el republicanismo y la monarquía, porque, como resulta claro, no son para él polos enfrentados. Más bien, parece que Novalis usara esos dos términos de un modo alegórico, sin un correlato histórico reconocible. El poeta cree acaso que no existe organización política posible sin un elemento transitorio (la alternancia en la delegación del ejercicio del poder) y un punto fijo (las leyes mismas).

Si lo pensamos con la perspectiva cerrada del caso argentino, esto tiene dos caras. Los acontecimientos de las últimas semanas volvieron a poner al desnudo la hipocresía del kirchnerismo y su aliado, el troskismo modelo siglo XXI: la clave para ellos consistió en vulnerar la ley, cortejar la victimización y luego ampararse en esas mismas leyes e instituciones que vulneraron para protestar. Es un poco la perversión de la idea de Novalis. Allí donde el poeta imaginaba un círculo virtuoso entre la permanencia y el cambio, se busca en nuestro caso incrustar el cambio en la permanencia (la Constitución como una letra a la que uno se atiene discrecionalmente, según las conveniencias) y la perpetuación en el corazón de lo que debería mudar, es decir, la voluntad de atornillarse al poder. Nada como las viejas (nuevas) ideas para iluminar los nuevos (viejos) tiempos.

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