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Cinco sitios argentinos para seguir huellas afro

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PARA LA NACION
Domingo 07 de enero de 2018

1 Chascomús. La Capilla de los Negros

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La Hermandad de los Morenos fue la sociedad que creó en 1862 esa iglesia única en el país. Es un discreto testimonio de la cantidad de descendientes de esclavos africanos que vivían todavía en esa época en los campos de la zona. La capilla fue levantada apenas un siglo después de la fundación de Chascomús. La primera mención a descendientes de africanos se remonta a una misiva de 1779 del capitán Escribano, que solicita al virrey Vértiz "algunos negros para que trabajen en la construcción del fortín". Sin embargo, a lo largo del siglo XIX y a pesar de haber sido importante, la comunidad fue mermando. Además de la capilla, los vecinos de origen africano de Chascomús dejaron su huella en el nombre del Barrio del Tambor. Los historiadores recuerdan una comparsa que se llamaba Los Negros Alegres y fue pionera de los carnavales locales. La capilla tiene hoy el mismo aspecto sencillo que en el momento de su construcción; un cartel recuerda que la Unesco la integra a la Ruta del Esclavo en el Río de la Plata. En cuanto a la comunidad, se considera que su última representante fue doña Eloísa, que vivió hasta 1990 y pudo ver una misa celebrada por primera vez en la capilla en 1983.

2 Buenos Aires. El monumento a Falucho

Durante el período colonial, la Gran Aldea recibió numerosos esclavos. Cuando los desembarcaban de los barcos negreros, eran conducidos a los depósitos que tenía cada compañía transportadora: aquellos lugares estaban en el sur y el norte del centro urbano, en lo que son hoy las zonas de Retiro y el Parque Lezama. No se conservó ningún rastro de esos edificios, que ya en su momento estaban muy deteriorados y fueron arrasados para dejar lugar al crecimiento de la ciudad. Las únicas huellas que se conservaron son menciones en documentos y ubicaciones en planos urbanos de principios del siglo XVIII. El principal legado de los africanos en la región del Río de la Plata es el candombe y las llamadas de tambores. Al mismo tiempo, quedaron muy pocos nombres de personas que pudieran trascender su condición y hacerse un lugar en la historia. El soldado Falucho es la excepción: una plazoleta y su estatua en el empalme entre las avenidas Santa Fe y Luis María Campos recuerdan a este héroe del ejército libertador, y es el único monumento que homenajea a un africano en la ciudad.

3 Córdoba. La Ruta del Esclavo

La aduana seca de Córdoba en el siglo XVII tenía entre sus atributos el control del comercio de esclavos entre el Río de la Plata y el Alto Perú. La provincia vio así pasar a grandes contingentes de africanos llevados a las minas de Potosí. Pero muchos de ellos no viajaron más allá: hacia el año 1776, los registros totalizan unos 44.000 habitantes en la ciudad de Córdoba y su región, el 60% de ellos de origen africano directo o indirecto, ya que había también esclavos negros traídos desde Brasil. Las estancias jesuíticas necesitaban de grandes contingentes de mano de obra y su funcionamiento descansaba tanto sobre peones como sobre esclavos. En Alta Gracia, donde se ha conservado su magnífico casco, la estancia contaba con un centenar de esclavos negros, cuyas precarias viviendas fueron arrasadas para dejar lugar al eje urbano de Alta Gracia. Los africanos y sus descendientes fueron invisibilizados, aunque los historiadores están trabajando para sacarlos del olvido. En el Museo Histórico Provincial Marqués de Sobremonte en Córdoba Capital (Rosario de Santa Fe 218) se conservó una muestra de ranchería (la vivienda de los esclavos). En otro museo, el Tejeda, se exhiben obras del afrocordobés Francisco Javier del Sacramento. Es una de las paradas de los paseos organizados regularmente por el grupo Ruta del Esclavo para descubrir la Córdoba afro. El recorrido pasa por el Cabildo, el Museo Juan de Tejada y la Iglesia de la Compañía de Jesús.

4 Corrientes. El desfile del santo negro

Uno de los parques de la ciudad se llama Camba Cuá, que significa Cueva de Negros en guaraní. Está sobre las barrancas del río Paraná, a pocas cuadras del centro histórico. Este nombre es el vestigio de un barrio donde se asentaron muchos de los africanos y sus descendientes cuando fue abolida la esclavitud. El parque es el epicentro de los festejos de San Baltasar (o Santo Kambá). La vestimenta, el desfile, los bailes y los ritmos que marcan el pulso del festejo conservan las improntas africanas de sus orígenes. Es una fiesta que se repite cada año en la noche del 5 y durante el día del 6 de enero. Se celebra también en Concepción del Yaguareté Corá y Empedrado. En el parque Camba Cuá varios murales y algunas obras recuerdan el pasado africano de la plaza y del barrio, un pasado por otra parte también presente en el Centro Cultural Adolfo Mors.

5 Ensenada y Dock Sud. Lejos de Cabo Verde

Fueron escasas las corrientes migratorias africanas a la Argentina durante el siglo XX. Aparte de un notable grupo de boers que se instalaron en la Patagonia (como lo recuerda un monumento en Comodoro Rivadavia), el principal contingente vino de Cabo Verde para instalarse en Rosario, San Nicolás, Ensenada y Buenos Aires. Los caboverdianos empezaron a acudir a Brasil y en menor medida a la Argentina, en busca de una nueva tierra, en las décadas de 1930 y 1940. Como las demás corrientes de migración, fundaron sociedades de socorros mutuos y asociaciones culturales. Las más antiguas son las de Ensenada (1927) y Dock Sud (1932). Hasta hoy son lugares donde todavía se puede escuchar hablar criol y bailar al ritmo de las mornas y las coladeras.

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