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Tío Tom

LA NACION
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Javier Navia
Martes 09 de enero de 2018

En su discurso de agradecimiento del Premio Cecil B. DeMille, en los Globo de Oro (para muchos su lanzamiento a la Casa Blanca), Oprah Winfrey mencionó a dos personas. La figura central de sus palabras fue Recy Taylor, la mujer de color víctima en 1944 de una violación colectiva por parte de hombres blancos que jamás fueron condenados. Taylor murió sin justicia hace once días. El otro mencionado fue Sidney Poitier, ganador en 1982 del mismo premio. Winfrey recordó cuando, siendo una niña, lo vio por TV recibir un Oscar, el primero concedido a un afroamericano, "tan pulcro, con su corbata blanca". En 1963, cuando muchos negros no podían ni sentarse junto a blancos en un autobús ni soñar con votar, el triunfo de Poitier fue para ella la esperanza de que las barreras raciales algún día se derrumbarían para siempre. Para Poitier, sin embargo, ser celebrado por una industria dominada por blancos implicó que por muchos años los miembros más radicales de la comunidad negra lo consideraran un "Tío Tom", el peor insulto que podrían prodigarse dos personas de color. Ignoraban el poder de lo que Poitier, hoy próximo a cumplir 91 años, estaba logrando. Oprah puso las cosas en su lugar al reivindicar su verdadero papel. El más trascendente de su vida.

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