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Gustavo Palmer, ícono de la noche de Pinamar: "Me paran por la calle y me piden que abra el Ku"

El hombre que atravesó las vidas nocturnas de tres generaciones recuerda el esplendor de las fiestas en la costa argentina, en Punta del Este y las discotecas de los 80 en la Capital; de su detención en el caso Cóppola a las anécdotas inéditas, repasa 40 años en la noche argentina y opina que en los últimos años "se minimizó"

Gustavo Palmer
Gustavo Palmer. Foto: LA NACION / Matías Aimar
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LA NACION
Jueves 11 de enero de 2018 • 16:02
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“Vos salí a la noche y sacá tu propia conclusión. Murió, cambió, mutó”. Los ojos celestes de Gustavo Palmer se asoman entre las líneas de su piel bronceada. Lleva una musculosa que luce sus brazos trabajados y huele a perfume. “Cuando me tratan de usted son como puñales. Yo me hago el pendejeiro, pero no lo soy”, dice el hombre de 58 años que organizó las fiestas más importantes de los últimos treinta años del país, se codeó a diario con la farándula y la política de los 90.

“Me paran por la calle tipos de 45 años y me piden que abra el Ku, que les grabe mensajes a sus amigos, me agradecen. Para mi eso es emocionante. Este fue un país muy generoso conmigo”.

“Palmer” se llama Gustavo Mustoni. Le pusieron el apodo que suena a DJ internacional en su escuela primaria en Capital por la forma de palmera que tomaba su pelo rubio. Empezó a trabajar a la noche como ayudante en fiestas cuando era adolescente y nunca más la dejó. Mientras estudiaba en la Universidad de Morón -se recibió de ingeniero agrónomo, pero nunca ejerció-, era barman en la discoteca más importante del Buenos Aires de los 80, New York City.

Gustavo Palmer
Gustavo Palmer. Foto: LA NACION / Matías Aimar

Asegura que Luca Prodan se inspiró en él y su grupo de bartenders para escribir la letra de La rubia tarada, que primero se conoció como Una Noche en New York City. “Viene de ahí el tema de SUMO, los barman vestidos de careta en Fiorucci somos nosotros, que llevábamos jardineros y carpinteros. Luca Prodan, tomaba grapa en la esquina de la disco y nos veía pasar”, dice Palmer, que entonces tenía veintipocos.

En verano, se iba a Punta del Este. Entre el 84 y el 98 organizó las fiestas de las discos Bull Dog, Rainbow -por el que Juanse de Ratones Paranoicos le dedicó una canción-, Yugoslava y Toronto.

En 1992 lo acusaron de llevar drogas en un auto en la ruta y pasó seis meses preso. Fue uno de los primeros detenidos del caso Cóppola. Él asegura que fue una “cama” de la policía y del ex juez de Dolores, Hernán Bernasconi, que “armó una causa” de la que fue sobreseído.

En el 93, Palmer mandó a construir el gigante Ku sobre un médano y lanzó la primera fiesta del club, que perduraría por 27 años. Durante largo tiempo alternó entre Punta y Pinamar. Y fue el creador de Caix y de Club Aráoz.

Gustavo Palmer
Gustavo Palmer. Foto: LA NACION / Matías Aimar

Hoy, la noche sigue siendo parte fundamental de su vida. Si bien ya no anima las fiestas que organiza -excepto en algún casamiento, más “de onda” que por lo que cobra-, es el dueño del Aráoz y tiene la cervecería Distrito Federal, en Palermo. También hace las fiestas retro Flower Power, con DJs de los 80. Y trabaja en un proyecto para “culturizar la noche” a través de entrenamientos de bartenders y controles de alcoholemia en los ingresos de los clubes.

Palmer concede esta entrevista a LA NACION desde el patio del hotel donde pasa sus veranos en Pinamar hace 26 años.

-Hace tres años que cerró el Ku. ¿Cómo ves hoy la noche de Pinamar?

-No hay nadie, es muy difícil. Vos salí y hacé tu propia conclusión. En la Pinamar de antaño, te hablo del año 85, había 11 discotecas. Hoy salí entre semana y vas a ver lo que es. La noche de Pinamar se minimizó y también murió, se achicó. Los días de semana venía mucha gente en verano y yo laburaba como un animal, con una previa de cuatro meses de organización.

-¿En qué consistía ese trabajo previo?

-Yo me reunía con los públicas y reclutaba a 20 chicos, pero me fijaba que no fueran bardos. Además tenía seis reuniones con cada sponsor hasta llegar al esquema de lo que me iban a dar. También estaba encima de la gráfica, porque cada fiesta tiene un diseño independiente, cada fiesta es un mundo. Por ejemplo, si era Ladies night, yo quería que fuera sobria la tarjeta.

-¿Por qué elegiste trabajar de noche?

-Siempre trabajé de noche, desde los 18 años. Siempre la vi del otro lado, pero vi cosas muy lindas trabajando en la barra de New York City, con los Van Halen; yo vi a The Police tocar en vivo frente a mí cuando inauguró el lugar, el 20 de diciembre de 1980. Y Ratones me dedicó el tema Rainbow. He ido al casamiento de Maradona, porque él venía a Bull Dog; al de [Guillermo] Cóppola. Lo conocí a Carlitos Menem. Yo jugaba al fútbol en la quinta de Macri. A nuestros clubes venían todas las modelos. Fue un país generoso para mi.

El boliche KU

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-¿Cómo surgió Ku?

-Mi papá había fallecido y yo trabajaba como plomo y barman para bancarme la carrera de ingeniero agrónomo. Yo trabajaba en el primer Innsbruk, en La Cabaña, que quedaba cerca de La Luna. Fue su dueño, Horacio Haran, el que me dijo, ¿me armás el Ku? Poco después se convirtió en la mejor disco de la costa, tenía mucha prensa.

-¿En qué momento te diste cuenta de lo que significaba tu presencia?

-En el Ku yo transmitía energía. La gente esperaba que yo llegara, eso era muy fuerte. Yo decía “Agazapado el Ku” y todos se agachaban. ¿Cómo no les iba a mandar la mejor vibra? Fueron tres generaciones. Hoy me paran por la calle y me dicen: ‘Palmer, ¿cuándo abrís Ku?’.

-¿Cómo recordás esa época?

-El primer día que abre el Ku se cortó la luz -en ese momento se cortaba seguido y no había generadores- pero teníamos un amigo con un jeep con un sonido terrible. El Ku estaba en un médano y no había nada alrededor. Entonces agarró el jeep, lo metió por la puerta y lo puso en la pista y fue una fiesta increíble. Imaginate la energía del lugar y en ese momento sólo era una caja de zapatos. Fue lo más top. En un momento tenías seis pistas. Te perdías. Una latina, otra de una cumbia, otra electrónica, otra más popera con distintos DJ específicos, y mantenías un cierto equilibrio. La historia era mantener entretenida a la gente.

-¿Vos lo mandaste a construir?

-Sí, de cero, con Rodolfo Gancedo, un arquitecto con una cabeza terrible, arriba de un médano. Yo siempre dije que la discoteca tiene que tener desniveles, porque a la gente le gusta verse. Cuando una persona entra por la puerta de una discoteca, se transforma y quiere lucirse y hay que facilitar eso. Ahora la gente se conoce por redes sociales.

-¿Es por eso que hay cada vez menos discos grandes?

-Es por eso, también. La historia cambió socialmente.

Gustavo Palmer
Gustavo Palmer. Foto: LA NACION / Matías Aimar

Clausura y controles

-¿Alguna vez los clausuraron?

-Fueron dos veces nada más, con Cromañón, y después una vez más. En ese momento cambió todo, estábamos en el volcán.

-En el Ku había irregularidades: entraban menores y consumían drogas y alcohol. ¿Tenés remordimientos?

-Uno trataba de hacer las cosas bien, lo que pasa es que muchos pasaban con el documento trucho. Pero sí, a veces no se controlaba debidamente. Yo sentía que en la falta de control, tiene que haber una falta de control directo.

-¿Te referís a que era culpa del Estado?

-No, era responsabilidad de todos. Porque tenés que determinar si el DNI es trucho o no. Pero es complicado. ¿Cómo lo hacés? Sobre todo con 4000 o 5000 personas.

Fiestas electrónicas

-¿Por qué no haces más fiestas electrónicas?

-No me gustan. La fiesta electrónica, no es que es mala palabra, pero tenés que tener un montón de controles.

-¿Porque ese tipo de música está asociada a las drogas?

-No, hay mucha gente que escucha música electrónica y no se droga. Esa música es divina.

La noche

-Trabajaste con gente involucrada en drogas y prostitución.

-Hay gente complicada, gente mala y gente normal...es algo que supuestamente pasa. Vos no podés controlar a las personas.

-¿Tenías que hacer la vista gorda? Por ejemplo, con “El Oso” Nadotti

-No... Nadotti hace lo que hace, esto es así. Pero después se entrega y ahora a Nadotti está preso, pero lee la biblia todos los días. Está arrepentido de lo que hacía en su momento. Era lo que era y yo no le podía decir: ‘cambiá’.

Fuiste uno de los detenidos del caso Cóppola

Estuve seis meses preso pero fue una cama. Yo estaba en contra de la ley de horario, (el entonces gobernador de la Provincia, Eduardo Duhalde quería que cerraran a las 3) yo sabía que así muchas discotecas iban a quebrar. Yo le hacía manifestaciones en la casa a Duhalde. Uno tiene que tener su ideal. Pero hubo un juez patético, Bernasconi, y policías que me extorsionaban continuamente. Querían dinero y me decían que me iban a embocar, y fue así. Yo tenía una disco en Castelli, un lugar con 7 mil habitantes. ¿Vos pensás que yo voy a poder llevar droga a Castelli? Me paran en el kilómetro 152 y cuando me revisan, tiran un papelito y hacen un armado, como fue el caso Cóppola. Después se arrepintieron tres comisarios diciendo la verdad, y me dieron el sobreseimiento. Yo le podría haber hecho un juicio al Estado. En ese momento, yo era mala palabra… la pasé muy mal.

La decadencia y la venta de KU

-¿Cuándo empezó la decadencia de Ku? ¿Fue en 2001?

-No, su esplendor fue entre el 97 y el 2000. En 2001 fue la crisis del país, pero el Ku empieza a decaer en el 2007, por cuestiones lógicas, de cambio. Es muy fuerte que una discoteca dure 27 años.

-¿Por qué lo vendieron?

-Yo estaba estresado, siempre laburando. Soy muy sacrificado de mi trabajo y muy posesivo, estaba medio cansado y se tomó una determinación y dije que sí. El resto de los accionistas tenía ganas de vender, porque no era redituable y durante cinco años no dio dinero. No había expectativas de que mejorase, las temporadas venían cada vez más bajas, la gente no tiene tanto dinero, antes ibas a veranear más tiempo. Ku fue un ciclo.

Ku
Ku. Foto: LA NACION / Matías Aimar

-¿Tenés relación con Víctor Stinfale?

-Yo tenía relación con él a través de Speed, que era nuestro sponsor, él estuvo con eso en todas las discotecas desde 1999. Para nosotros era un sponsor más.

-¿Por qué se lo vendieron a él?

-Salió y se dio, yo estaba medio cansado.

Los empresarios de la noche

-¿Qué pensás de los empresarios de la noche de hoy?

-En la antigüedad estaban más preparados para bolichear.

-¿Qué es la antigüedad?

-Los 80, los 90. Son pocos los tipos que tienen mi edad y siguen. La noche cambió para mejor en seguridad, pero el adolescente vive las cosas mucho más anticipadas, tenés que controlarlo más. Antes había una contención familiar, una protección, ahora no. El sistema ha cambiado socialmente y eso se refleja en la noche y el día.

-¿Este es tu último año en Pinamar?

No sé. Puede ser. Es una buena pregunta.

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