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El vínculo entre Macri y Trump, un impulso para la relación bilateral

Macri, durante su visita a la Casa Blanca en abril
Macri, durante su visita a la Casa Blanca en abril. Foto: Archivo
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LA NACION
Sábado 20 de enero de 2018 • 01:41
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“La Argentina es un gran país. Tendremos la relación más cercana de la historia”. La primera frase de Donald Trump como presidente de Estados Unidos sobre el país se trató del anticipo de lo que fue, durante el último año, un vínculo bilateral cercano, aunque con algunos tropiezos.

El republicano heredó de su predecesor, Barack Obama , buena parte del trabajo hecho. Desde que Mauricio Macri llegó a la Casa Rosada, la relación con Washington no hizo más que mejorar después de una década de frialdad. Las visitas oficiales y los gestos políticos comenzaron con el demócrata y siguieron con Trump, pese a la incertidumbre que se generó sobre las posibles consecuencias que podría tener el apoyo explícito que el gobierno de Cambiemos le brindó a Hillary Clinton durante la campaña norteamericana.

Sin embargo, la buena relación que los presidentes tienen desde mucho antes de involucrarse en la política –la familia Macri y Trump comparten un pasado de negocios-, y que demostró conservarse pese a los años, dejaron esas especulaciones de lado. Cuando fue consultada sobre la buena sintonía entre los mandatarios, la excanciller Susana Malcorra habló de “química”.

Mauricio Macri, durante su visita a la Casa Blanca en abril
Mauricio Macri, durante su visita a la Casa Blanca en abril. Foto: Archivo

A esa primera llamada llena de elogios le siguieron al menos tres comunicaciones más. En ellas, Trump invitó a Macri a Washington, le transmitió su pésame por la muerte de los cinco argentinos en un atentado terrorista en Nueva York y conversaron sobre cuestiones comerciales.

El vínculo se consolidó con la visita oficial del Presidente a EE.UU . en abril –donde Trump afirmó que se sentía “muy cómodo” junto a Macri- y, meses más tarde, con la llegada del vicepresidente norteamericano, Mike Pence, a Buenos Aires.

Pero así como abundaron los gestos políticos, en el plano comercial el panorama fue algo sombrío. El acercamiento que se había logrado durante el fin de la era Obama se encontró con el primer obstáculo apenas días después de la asunción de Trump, lo que provocó sorpresas en Buenos Aires.

El giro proteccionista que Trump prometió durante la carrera electoral tuvo su primer coletazo en local cuando su gobierno suspendió la importación de limones argentinos, una barrera que había sido levantada apenas un mes antes por la administración demócrata, que había puesto fin a una prohibición que llevaba 16 años.

No fue la única medida perjudicial para el país –aunque después se revirtió-. En agosto, el Departamento de Comercio norteamericano impuso fuertes aranceles a la importación de biodiésel argentino por presuntos subsidios, dejándolo fuera del mercado. En octubre, esas tasas se elevaron aún más debido a una denuncia de dumping. A pesar de las protestas del gobierno argentino, las negociaciones para dar marcha atrás con esas medidas no tuvieron éxito. El macrismo evalúa, incluso, elevar la disputa al arbitraje de la Organización Mundial del Comercio (OMC), aunque fuentes diplomáticas norteamericanas afirman que todavía no tienen indicios de que esa medida se vaya a concretar.

En la embajada de Estados Unidos insisten con que la crisis del biodiésel, que tuvo un impacto fuerte en la balanza comercial, es sólo uno de los pocos puntos de desacuerdo que hay entre ambos países entre un grupo amplio de temáticas donde existe sintonía.

Pese al mal trago, ambos países dan señales conjuntas en materia comercial –como la posibilidad de exportar carne vacuna-, en defensa y seguridad –que se podrá concretar en la cooperación bilateral para la organización de la cumbre del G-20 de este año, que será en Buenos Aires-, y en política. Aunque aún no se sabe si Macri y Trump tendrán un encuentro formal en el Foro Económico de Davos la semana que viene, pese a que se van a cruzar, Washington ya trabaja en una eventual visita del republicano a la Argentina para el G-20. En ese caso, será el tercer encuentro a nivel ejecutivo en dos años. Un hecho que, de concretarse, tiene pocos antecedentes.

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