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Murió Dorothy Malone, una de las grandes rubias fatales de Hollywood

La actriz, de amplia trayectoria en cine y televisión, estaba por cumplir 93 años
La actriz, de amplia trayectoria en cine y televisión, estaba por cumplir 93 años. Foto: IMDB
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LA NACION
Sábado 20 de enero de 2018 • 17:20
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Cuando estaba a punto de cumplir 93 años murió Dorothy Malone, una actriz que supo sacarle el máximo provecho a una belleza innata que se ajustaba a la perfección a las necesidades de Hollywood. Su espléndida figura, mucho más sensual que voluptuosa, y una de esas cabelleras rubias que parecían hechas a la medida de lo que buscaban los grandes estudios de sus estrellas en los años 50, fueron sus armas de seducción en la pantalla. Con ellas logró en su esplendor alcanzar reconocimiento como una de las mejores mujeres fatales del cine de su tiempo.

Sus mejores personajes eran mujeres de irresistible poder de seducción, pero al mismo tiempo capaces de hacer el mal y de sufrir por sus excesos. El momento cumbre de la carrera de Dorothy Malone fue el Oscar a la mejor actriz de reparto que conquistó en 1956 por interpretar a una suerte de ninfómana frustrada en Palabras al viento, uno de los grandes melodramas de Douglas Sirk. Para vislumbrarla alcanza con disfrutar de su talento en el par de escenas en las que mueve su cuerpo al compás del mambo, una de ellas junto a Rock Hudson.

En ese mismo año, 1956, se publicó por primera vez Peyton Place, la novela de Grace Metalious que gira alrededor de la vida de tres mujeres en un pequeño y conservador pueblo de New England lleno de secretos ocultos, hipocresías y escándalos. Ocho años después, Malone encontró en la versión televisiva de esta obra, la más exitosa y difundida de todas sus adaptaciones, la continuidad y la ampliación de ese reconocimiento.

Allí personificó durante cuatro de sus cinco temporadas a Constance MacKenzie, papel que estuvo en el cine en manos de Lana Turner y Eleanor Parker. Su hija en la ficción era Mia Farrow, que se consagró en esta serie junto con otros actores jóvenes como Ryan O'Neal.

La caldera del diablo se estrenó en la televisión argentina en 1965, en el viejo Canal 11, y durante muchos años resultó en sus muchas repeticiones un gran éxito de audiencia, ya que se programaba durante las tardes en tándem con las telenovelas locales, de temática parecida.

Había nacido como Dorothy Elois Maloney en Chicago, el 30 de octubre de 1925 y mostró sus condiciones desde pequeña, con pequeños papeles en obras escolares y como modelo fotográfica infantil. Un agente de los estudios RKO la descubrió a los 18 años y la convenció de firmar su primer contrato. Las películas iniciales en las que apareció incluían en los créditos su apellido real que cambió por el definitivo de Malone cuando se incorporó a los estudios Warner en 1945.

La evolución de su carrera fue notable: pasó de interpretar a chicas ingenuas y de simpática belleza como El halcón y las colegialas, Dime que sí, Una semana en puerto, Caprichos de juventud y La revoltosa se casa a compromisos más exigentes. Integró los elencos de Al borde del abismo (inspirada en The Big Sleep, de Raymond Chandler) y El destino manda.

Hasta que llegó al mejor papel de su carrera, el que le dio el Oscar, su destino parecía similar al de la mayoría de las figuras del cine de su tiempo: pasar del drama al musical y de la comedia al western, según las necesidades de los estudios. Hasta que empezó a llamar la atención, conforme se afirmaba en Hollywood y pasaba el tiempo, como una actriz de grandes dotes dramáticas y una belleza madura que jamás pasaba inadvertida, en la que se mezclaban la fortaleza y la inestabilidad emocional. Con el tiempo nunca pudo repetir el esplendor de aquéllos triunfos artísticos y su paso por películas apenas discretas (entre las que apenas sobresalió El último atardecer, de Robert Aldrich, en 1961) se mezcló con un visible desequilibrio afectivo, marcado por dos matrimonios que terminaron en sonados divorcios y un tercero que fue anulado apenas dos meses después de concretarse.

Para colmo, en esa última etapa sólo parecían convocarla para algún revival de La caldera del diablo, como si no pudiese desprenderse del papel que más contribuyó a su popularidad. Antes de retirarse definitivamente y afincarse en Dallas, lejos de Hollywood, entregó su último papel en 1992. Fue una breve aparición en Bajos instintos, como una amiga del personaje de Sharon Stone.

Casi septuagenaria, su belleza seguía intacta y su antigua cabellera rubia lucía un atractivo platinado. Pero ese papel quedará como un homenaje. En una película dominada por un poderoso personaje femenino con perfil de gran villana, no podía faltar el tributo a una de las mejores rubias fatales de un tiempo grande de Hollywood. No hacía falta nada más. Desde ese momento, Dorothy Malone nunca volvió a mostrarse desde una pantalla.

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