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Lo que mata es la humedad

Miércoles 24 de enero de 2018 • 00:05
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¿Cuántas veces hemos escuchado esta frase?... lo que mata es la humedad...bueno, en verano la respuesta es, muchas veces. Y esto está relacionado no solo a la temperatura del verano sino a la sensación térmica.

Acorde a la época más de una vez la temperatura supera las habituales y cuando esa condición es por dos o tres días ingresamos en lo que el servicio meteorológico nacional informa como alertas en prevención de una ola de calor y sus consecuencias para nuestra salud. Pero más allá de eso resulta evidente que no solamente utilizamos la temperatura que indica el termómetro para saber a qué condición ambiental estamos siendo sometidos sino que hay otro dato que se ha impuesto en el uso cotidiano. Me refiero a la “sensación térmica”. La realidad es que es un parámetro útil ya que explica el por qué hay días que con la misma temperatura que en otras ocasiones y el calor se torna más agobiante.

De qué se trata la sensación térmica

Foto: Shutterstock

El metabolismo de nuestro cuerpo, es decir todas las reacciones biológicas que nos mantienen con vida, tienen como una de sus consecuencias la generación de calor. Es por ello que nuestra temperatura corporal es de aproximadamente 37 °C. Para disipar nuestra temperatura nosotros tenemos un “gladiador”, que es nuestra piel. Efectivamente debajo de nuestra piel hay infinidad de vasos sanguíneos que conducen la sangre y también, por supuesto, su temperatura. Así, la sangre se encuentra muy cerca de la superficie de nuestra piel de manera que funciona como un modo de irradiar o perder temperatura al medio ambiente. Sucede que en la superficie de nuestra piel siempre hay una cantidad mínima de agua como consecuencia de nuestro proceso de transpiración. Eso es lo que determina la humedad de la piel. La evaporación de ese agua por la temperatura corporal nos ayuda a perder temperatura, la cual trasladamos al medio ambiente.

Ahora bien, ¿por qué le comento esto? porque sucede lo siguiente: imagine usted que el aire es algo así como una esponja. Si esa esponja que en nuestra imagen representa al aire está seca entonces quiere decir que hay baja humedad. Poniendo esa esponja seca sobre nuestra piel la esponja absorberá la evaporación que produzca nuestra piel y su temperatura. El aire, y en nuestra metáfora a la esponja seca, realiza este procedimiento de manera sencilla simplemente porque está seca. Hasta ahí todo bien, ahora supongamos que el aire está saturado de agua es decir con un alto grado de humedad. En nuestra metáfora esa condición será algo así como una esponja mojada. Resulta natural entender que si el aire está húmedo es decir la esponja está mojada, resultará más difícil trasladar el agua evaporada de la superficie corporal y junto con ella nuestra temperatura a ese medio ambiente ya que está cargado de agua. Consecuentemente podemos decir que cuanta mayor cantidad de agua hay en el aire (mayor grado de humedad) más difícil será transmitirle nuestro calor corporal con lo cual dicha condición se hará sentir en nuestro cuerpo.

Sensación térmica

Es aquí donde nace ese concepto. La sensación térmica es justamente eso, una medida subjetiva del calor corporal que experimentamos y que será tanto mayor cuanto mayor sea la humedad del medio ambiente ya que en esa condición se dificultará la transmisión de nuestra temperatura corporal al aire, disipando nuestro calor.

Es por ello que escuchamos con frecuencia que alguien dice que en determinada región geográfica la temperatura es alta pero que la resiste ya que no hay marcada humedad. Lo contrario sucede cuando en una región la temperatura es alta y también lo es la humedad.

Para pasar a números lo que acabamos de decir les voy a dar un ejemplo. Supongamos un día caluroso de 30° de temperatura pero con una humedad ambiente baja, digamos de 45%. Los cálculos para la obtención de la sensación térmica en el mencionado caso darán como resultado 30° de temperatura. Como vemos la temperatura indicada por el termómetro coincide con la temperatura indicada por la sensación térmica. Ahora bien, supongamos que dos días después la temperatura es también de 30°, pero la humedad aumentó al 70%. Aquí las cosas cambian dramáticamente ya que los cálculos según las tablas meteorológicas de sensación térmica, cuando la temperatura es de 30° y la humedad ambiente es de 70%, será entonces de 35°. Vemos que esto es mucho menos tolerable que cuando teníamos baja humedad. Con 70% de humedad se hace más difícil para nuestro organismo disipar nuestra temperatura corporal y en consecuencia nuestros receptores térmicos de la piel detectarán una temperatura ambiente mayor pero que en realidad es una “sensación” que siente nuestro cuerpo al no poder perder temperatura.

Es por ello que resulta cierto el conocido dicho: “lo que mata es la humedad”.

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