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Pico Mónaco: "Yo dejé al tenis, el tenis no me dejó a mí"

El ex tenista dice que está "contento de haber tomado la decisión" de alejarse de las canchas; su nueva vida y sus planes en una entrevista con LA NACION en Casa Babel, el bar que abrió en Punta del Este
El ex tenista dice que está "contento de haber tomado la decisión" de alejarse de las canchas; su nueva vida y sus planes en una entrevista con LA NACION en Casa Babel, el bar que abrió en Punta del Este. Foto: LA NACION / Santiago Hafford
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LA NACION
Martes 30 de enero de 2018 • 00:41
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PUNTA DEL ESTE (De una enviada especial).- Entra con paso firme, sonriente, rodeado de amigos. Se mueve con soltura por el bar. Saluda a empleados, ofrece algo para tomar. Juan Mónaco, más conocido como "Pico", parece exultante. Dejó el tenis profesional hace nueve meses, está al frente de dos programas de televisión, es socio de La Paloma Brewing Company-en Mar del Plata- y de Casa Babel-en Manantiales, Punta del Este- y es pareja de Carolina Ardohain, "Pampita", en una relación seguida de cerca por los medios. Contesta con celeridad, pone énfasis en algunas palabras. En una entrevista con LA NACION, cuenta detalles de su paso del tenis a la televisión y de su nueva vida.

-Tu nombre está asociado al tenis y suelen describirte como “carismático y audaz”, que no les “temes” a los “desafíos”, que sabés aprovechar “oportunidades”. ¿Cómo te describirías?

-Una persona tranquila, de Tandil. Me muevo mediante los desafíos, constantemente. La vida me va poniendo continuamente a prueba, todo el tiempo. Y lo tomo como tal. Desde chiquito, que me fui de mi casa con 15 años con el sueño de ser un tenista profesional, hasta el día que me retiré y me propusieron hacer televisión, hasta el día en que mi carrera tenística hice inversiones que me gustaban. Es una sumatoria de desafíos constantes que me nutren como ser humano, como persona. Es un poco de audacia también y de encontrarme con situaciones nuevas todo el tiempo. Me encanta que mi vida tenga paz y a la vez incentivos vertiginosos para mantenerme alerta todo el tiempo. Pero soy una persona tranquila, que disfruta de un mate, de una charla con mi hermano, con mis mejores amigos y de disfrutar momentos.

Mónaco: "No me gustan las cosas a medias, no hago cosas a medias"
Mónaco: "No me gustan las cosas a medias, no hago cosas a medias". Foto: LA NACION / Santiago Hafford

-Si tuvieras que elegir una palabra para definirte, ¿cuál sería?

-Tenacidad. Soy muy tenaz. Tengo una tenacidad innata. Si quiero algo, me lo propongo y dejo el 100%, ya sea desde algo nuevo en mi vida, algo antiguo, desde el deporte, desde la gastronomía, desde lo que sea. Si voy a jugar al paddle con mis amigos, trato de hacerlo al 100, no me gustan las cosas a medias. No hago cosas a medias.

-¿Extrañás el tenis?

-Me costó mucho tomar la decisión para dejar de jugar al tenis, lo padecí los últimos cuatro o cinco meses de mi carrera. Jugué al tenis hasta el día que me hizo feliz, el día que dejó de hacerme feliz, di vuelta la página. Estoy contento de haber tomado la decisión: yo dejé al tenis, el tenis no me dejó a mí. El tenis a mí me dio todo: desde la estabilidad económica, amistades por todo el mundo, generó que yo tenga cariño con la gente, logré que la gente pueda conocerme más allá de una cancha de tenis, porque mucha gente conoce al tenista pero no al ser humano. Lo extraño por momentos, porque fue lo que me dio todo en la vida, pero di vuelta la página y estoy feliz con la vida y con los desafíos nuevos que tengo.

-¿Hubo una transición entre el tenis y la televisión?

-Mientras era jugador de tenis ya había tenido una propuesta. Soy muy amigo de Martín Kweller, de Kuarzo, Endemol, y él ya hacía tiempo que me venía diciendo: ‘El día que te retires, me gustaría que hagas algo en la televisión’. Yo lo tomaba a modo de gracia, de chiste, como algo divertido, pero después tuve una propuesta seria, en enero del año pasado, todavía era tenista, y me ayudó a tomar la decisión de dejar de jugar al tenis. Era un desafío grande ser conductor de un programa de televisión con [Mariano] Zabaleta. Fue un gran desafío para mí y no sufrí la etapa de que el tenista extrañe mucho el tenis cuando lo deja, porque sentís un vacío de pertenencia muy grande. Uno piensa en el tenis 24 horas y si de repente no lo tenés, es muy difícil para un tenista que dedicó su vida, no poder pensar más en eso. Se te hace el día muy largo, tu cabeza piensa demasiado y te puede llevar a la depresión. Yo no lo sentí de esa manera: automáticamente me propuse ser conductor de televisión y dije que sí porque me movilizan los desafíos. Y encontré algo que me llena el espacio en el día a día y sentirme bien conmigo mismo. Esa rutina que me dio me hizo bien. Ahora estoy con muchísimas propuestas interesantes: se ve que gustó la manera en que me metí en el espectáculo de la televisión.

-En una entrevista con HOLA, hace poco, dijiste que nunca habías pensado en que serías conductor de TV y que no sabés “adónde” te lleva esto. ¿Cómo te ves de acá a cinco años?

-Me cuesta muchísimo proyectarme a largo plazo porque tengo desafíos constantes, todo el tiempo. Vivo demasiado el día a día. El tenis me dio ese pragmatismo de entrenarme para una gira de un mes, de proponerme mejorar en el ranking en dos meses, entonces todos mis proyectos son a dos o tres meses. Es muy difícil que yo te diga que tengo algo a largo plazo. Hoy en día me veo comprometido con la televisión, con mis emprendimientos. Y de acá a cinco años me veo siendo una persona muy familiar, con familia y disfrutando de desafíos y proyectos que vayan surgiendo. Seguramente en el mundo televisivo, porque me gusta.

"Jugué al tenis hasta el día que me hizo feliz, el día que dejó de hacerme feliz, di vuelta la página", cuenta Pico Mónaco
"Jugué al tenis hasta el día que me hizo feliz, el día que dejó de hacerme feliz, di vuelta la página", cuenta Pico Mónaco. Foto: LA NACION / Santiago Hafford

-¿Cómo llevás tu rol de emprendedor y cuáles son tus planes?

-Me gusta mucho. El tenis me abrió demasiadas puertas, muchas amistades, conocimiento de muchas cosas del mundo para traerlas a Argentina. Estoy contento, con mucha proyección en ambas cosas. Son cosas que me gustan mucho y me nutren en conocimiento. Estudio, leo, trato de hablar con mucha gente, soy muy inquieto. Hoy, que tengo energía, trato de dar pasos pequeños pero firmes para estar tranquilo el día de mañana. No sé si el día de mañana voy a tener tanta energía para hacer tantas cosas así que hoy disfruto de cada cosa que hago. Paso a paso… Con los pies sobre la tierra y augurando cosas mejores.

-La relación con Carolina Ardohain (“Pampita”) potenció tu exposición: ahora te buscan periodistas, fotógrafos, encargados de relaciones públicas, marcas. ¿Te imaginás saltando a la política, como candidato o funcionario?

-Difícilmente. Tengo demasiado respeto por la política y no sé si creo tanto en la política, creo en las personas. Si yo creo en el mensaje, no tengo preferencia política. Si el mensaje me llega, no me importa el partido político. Siento que no me metería nunca en política. Quieras o no, la experiencia, o la historia, dice que uno se puede manchar demasiado y yo me siento una persona querida por lo que hice en el deporte y no correría el riesgo de poder ensuciar mi imagen con algo que yo no sueño y que no es un desafío para mí, está lejos de estar en mis ambiciones. Ayudaría en la rama deportiva si me piden, pero nunca me sacaría la foto.

-En tus bios de Instagramy Twitterseguís como “tennis player”. ¿Pensás cambiarlas?

-Sinceramente, me da muchísimo pudor poner ‘conductor de televisión en dos programas’, poner, no sé, ‘emprendedor’, ‘CEO de La Paloma o Casa Babel’, me da pudor. La verdad, todavía, después de una carrera tan linda que me dio el tenis, siento que hoy la gente me sigue reconociendo porque fui jugador de tenis y que eso puede perdurar un tiempo. Tal vez algún día me voy a levantar y voy a poner: ‘Ex tennis player, TV host o conductor de televisión y emprendedor y gozador de la vida’.

Mónaco entre variedades de Chivas Regal, el icónico whisky escocés que tiene un espacio exclusivo en Casa Babel
Mónaco entre variedades de Chivas Regal, el icónico whisky escocés que tiene un espacio exclusivo en Casa Babel. Foto: LA NACION / Santiago Hafford
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