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A 30 años del crimen de Alicia Muñiz: el error del cartonero Báez, el robo de órganos y las pruebas que condenaron a Monzón

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LA NACION
Sábado 10 de febrero de 2018 • 14:56
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Al llegar a la finca en el barrio La Florida de Mar del Plata, lo primero que vieron los agentes fue a Carlos Monzón tendido en el piso, semiinconsciente. Muy cerca de él se encontraba el cuerpo de Alicia Muñiz. Fueron los vecinos, que escucharon los gritos pidiendo ayuda, los que alertaron a la policía.

Era el 14 de febrero de 1988 y durante las semanas siguientes, lo ocurrido aquel día se convirtió en el tema de conversación casi exclusivo de los argentinos. La caída del ídolo se convirtió en el foco del hecho, más que el asesinato de Muñiz, una mujer de 32 años, que tenía un hijo de seis.

Con toda la resistencia cultural de la época, comenzaron a ventilarse verdades. Esas que muchos decían saber, pero por algún motivo habían permanecido guardadas. De pronto todos comentaban que el ex boxeador golpeaba a sus parejas. Él mismo lo reconoció durante el proceso. Lo admitió como algo habitual y sin culpas. "Les pegué a todas mis mujeres y nunca les pasó nada", dijo en una de sus declaraciones. La protección al campeón persistió, al punto de que, tras una de las autopsias realizadas al cuerpo de Muñiz, desapareció un músculo del cuello, razón por la que se inició otra causa para detectar a los culpables.

Carlos Monzón con Alicia Muñiz y su hijo Maximiliano, en una foto de 1983
Carlos Monzón con Alicia Muñiz y su hijo Maximiliano, en una foto de 1983. Foto: Archivo / LA NACION

El consumo de drogas en el mundo de la farándula fue otro de los ángulos que se revelaron en aquel momento. La casa en la que Monzón pasaba sus vacaciones había sido alquilada por Adrián Facha Martel. Como el acusado reconoció en sus declaraciones que había consumido estupefacientes, el actor quedó vinculado en las investigaciones y su casa fue requisada en busca de drogas. Más tarde fue sobreseído.

El desarrollo de las investigaciones se llevó gran parte de las coberturas en los medios. Fue una causa que despertó interés a nivel nacional.

Uno de los primeros testigos fue el taxista Pedro Tonini, que llevó a la pareja hasta la finca. Dijo que no notó nada raro y desmintió las versiones que hablaban de una pelea entre ambos. A su vez Marcelo, sobrino de Monzón, reforzó esa teoría. "Carlos y Alicia estaban en una etapa de reconciliación", aseguró.

Monzón quedó internado en un principio porque había sufrido la fractura de la clavícula izquierda y de dos costillas. La versión del boxeador fue que la mujer intentó arrojarse del balcón y que él cayó cuando intentaba detenerla.

En su primera declaración ante el juez Jorge Gabriel García Collins reconoció que le dio una cachetada a Alicia Muñiz y que la tomó del cuello, pero desmintió haberla matado. Su argumentación fue tan débil y contradictoria que, apenas le dieron el alta, quedó detenido y fue trasladado a la Unidad Penal de Batán el 22 de febrero.

Aparece Rafael Báez

Más de dos semanas después del crimen, el 2 de marzo, apareció un testigo presencial: Rafael Crisanto Báez, de 67 años, quien luego pasaría a ser conocido como el Cartonero Báez.

Nino Ramella, corresponsal de LA NACION que lo entrevistó, describió la forma en la que testigo se comunicaba con la prensa. "La familia Báez solo permite que los medios accedan a entrevistarlo si pueden darle una mano con algo. Las cotizaciones en las notas rondan los 300 australes, aunque tal vez acceden a algo menos si uno tiene habilidad para el regateo", escribió.

Algunas de las frases de Báez que quedaron registradas en ese artículo fueron las siguientes:

"La mujer pataleaba como una gata".

"Ella ya se había quitado la parte de arriba. Yo la vi con portaseno. Abajo no sé. Tendría algo. Pero eso no se veía".

"Él le pegó en la cara. Ella cayó sobre unos muebles que había al costado. Después ella buscaba algo… como para defenderse o como para resistir. […] El señor la chapó tipo gato. La levantó con las manos así, y la alzó para arriba. La mujer trataba de manotear para liberarse, pero parece que no pudo”.

“Me quedé prendido al alambre, porque yo no quería que la matara. Yo quería gritar y no podía gritar. Me dio rabia. Entonces la mujer se aflojó toda, y él la soltó. […] La sacó para el balcón, y ahí lo vi completo. La llevó hasta la punta, le dio un golpe de hombro y la tiró".

Acerca de su demora a la hora de declarar lo que había visto, Báez explicó: “No podía dormir. Me daba vueltas en la cama y me levantaba. En una palabra, era un loco. Un día yo tenía que entregar el cartón. Me dieron 52 australes y pagué 17 de flete. Me quedaron 35. En la papelera había un abogado. Yo le dije que me quería sacar ese ladrillo que tenía encima, porque tenía que comentarlo con alguno y preguntarle qué hacía. Él me dijo que me iba a ayudar. Habló por teléfono y después vino el patrullero. Me hicieron hablar con el comisario, con el oficial escribiente, con el fiscal Pellizza, con el secretario… hablé con un montón de gente".

Una de las versiones nunca confirmadas fue que otro cartonero, amigo de Báez, había sido el testigo presencial, pero no se animó a ir a la policía porque tenía antecedentes. Éste le habría trasladado a Báez el relato que luego replicó ante las fuerzas de seguridad.

Jorge de la Canale, defensor de Monzón, desestimó al testigo desde el comienzo: "El relato puede hacerlo cualquier persona que haya seguido el caso en los diarios", dijo.

El error del cartonero

El testimonio del Cartonero Báez fue impugnado por inhabilidad y quedó "descartado totalmente como testigo". Además, se lo procesó por falso testimonio. Sin embargo, entre las pruebas contundentes que los forenses sumaban en contra de Monzón, sus dichos fueron convenciendo a la opinión pública.

Un año después, incurrió en varias contradicciones durante el juicio y su relato fue impugnado por inhabilidad y "descartado totalmente como testigo". Además, se lo procesó por falso testimonio.

Sin embargo, el fiscal Carlos Pellizza siempre le creyó a Báez. En el diario La Capital, de Mar del Plata, años después, explicó: "Su versión de primera mano fue la más sólida, la más cercana a los hechos, la menos contaminada. Todos los que estuvimos cerca de Báez conocemos la personalidad que tenía y que su situación lo hacía permeable a muchas cosas. Entonces no le reprocho que en las sucesivas declaraciones, a medida que se fue enterando de cosas, reaccionando a toda clase de estímulos que tuvo debido a su notoriedad, fuera agregando cosas, quitando y hasta victimizándose en algún momento. No es casual que el Tribunal, sin perjuicio de los reparos con que recibió su testimonio, describiera la mecánica del hecho como la describió Báez: la trompada, el estrangulamiento y la caída”.

También se refirió a uno de los elementos que la defensa utilizó para desprestigiar el testimonio de Báez: "Él relató cómo Monzón cargó a Alicia Muñiz, dijo que estaba en bombacha y portasenos. Y a Alicia la encontramos en bombacha y con una muy visible marca de bikini que a distancia podía parecer un corpiño".

Pese a que sus dichos no fueron incluidos en la causa, Báez escribió un libro que se tituló Yo derroté a Monzón.

El robo de un órgano en la autopsia

La primera autopsia realizada en Mar del Plata solo consignó que Muñiz murió por un paro cardíaco respiratorio. Por ese motivo, los abogados de la familia pidieron una segunda intervención forense.

Durante la nueva autopsia los forenses notaron que había una "segunda costura" en el cadáver. Cuando avanzaron en la revisión, detectaron que faltaba un músculo del cuello, en el que supuestamente habían quedado las huellas de la opresión de una mano sobre esa zona.

Se trataba de uno de los dos esternocleidomastoideos, un músculo que nace detrás de la oreja y se inserta en la unión del esternón con la clavícula. “Es el músculo que se observa a simple vista cuando se produce la torsión de la cabeza. Es largo y acordonado”, fue la explicación de los médicos.

Aunque se trataba de una prueba importante, las lesiones en el cuello fueron tan profundas que el estrangulamiento quedó probado por los peritos.

El dictamen

Sin el testimonio de Báez y pese a la falta del mencionado órgano detectada en la autopsia, la causa se definió por los peritajes forenses.

Carlos Monzón sale de prisión para prestar declaración en el proceso
Carlos Monzón sale de prisión para prestar declaración en el proceso. Foto: Archivo / LA NACION

En el veredicto se destacaron los siguientes puntos:

“Los peritos comprobaron la compresión laringotraqueal y la fractura del afta del hioides”.

“Se probó que Alicia Muñiz estaba en estado de inconsciencia, por lo que no pudo arrojarse, por lo que su caída fue provocada”.

“Carlos Monzón resulta ser el autor del hecho reseñado […] Tanto lo que hace a la presión sobre el cuello de Alicia Muñiz, hasta producirle un estado de inconsciencia, como la proyección intencional de la misma al vacío desde el balcón terraza, actividad dirigida ostensiblemente a lograr la muerte de la víctima.

“Cabe preguntarse a esta altura del veredicto quién sino Monzón podría haber ocasionado las lesiones en el cuello y las adyacencias tan sólidamente acreditadas”. [A la hora del crimen, además de Monzón, solo se encontraban en la casa dos niños, el hijo de la pareja y el de Adrián Martel]

“Resulta evidente que el estado de inconsciencia en que cayó al vacío Alicia Muñiz fue el resultado de la manipulación ejercida por Monzón en el cuello ya que no hay posibilidad alguna de adjudicar al mismo a otras circunstancias.

“Sentado ello, va de suyo que también ha sido el autor de la proyección del cuerpo al vacío. No había por lo demás alguna otra persona a quien pueda adjudicarse semejante acción”.

Monzón fue condenado a 11 años de prisión y jamás reconoció ser el autor del crimen. Más tarde fue trasladado de Batán a una cárcel en Santa Fe, por razones de proximidad familiar.

En 1994, por buena conducta, le fue concedido un permiso de salidas transitorias. Tras una de esas salidas, cuando volvía a la prisión, el domingo 8 de enero de 1995, murió en un accidente automovilístico en la ruta 1.

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