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Esa otra obra de arte

Foto: AP / Anupam Nath
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LA NACION
Miércoles 31 de enero de 2018
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Faltan los ciervos. Es cierto que el campo no es de trigo, como el que pintó para siempre Vincent van Gogh, ese campo ominoso, cargado de una inminencia. Pero el amarillo, el marrón terroso del camino y la coloración del cielo son semejantes. Con algunas salvedades, claro: aquí no hay cuervos sino personas. Una mujer india y sus hijos caminan en una plantación de mostaza en Gauhati. Seguramentre trabajan en ella, igual que, seguramente, lo hicieron sus ancestros. Pero hay además otras diferencias con Van Gogh. La pincelada de la naturaleza es en este paisaje más aérea que la de él; tiene un puntillismo que lo acerca a Claude Monet. ¡Qué cosa rara! No podemos mirar una foto ni un paisaje sin pensar en una pintura, sin pensar en el arte. Se dijo muchas veces: la naturaleza imita al arte. A esto habría que agregar un detalle que descubrió en el siglo XVII el inglés sir Thomas Browne: también la naturaleza es un artificio, porque es la obra de arte de Dios.

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